Un océano de gentes del mar

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Un océano de gentes del mar

Toma relevancia para los costarricenses en la última década, la realidad de que nuestro territorio marino es 10 veces  mayor en el mar que en la tierra. Que ese océano presenta una biodiversidad incalculable, bella, útil y poco conocida a los ojos de la ciencia. Nos sentimos entonces llamados a festejar el “Día Internacional de los Océanos “ con orgullo, y felices de unirnos al mundo con un legado de áreas marinas protegidas que refleja la intención de los costarricenses de enfrentar el futuro con resiliencia y solidaridad hacia las futuras generaciones.

Pero desde otra perspectiva, poco hacemos en este pequeño país de mucho mar, si no reconocemos también, a las miles de personas que no solo habitan ese mar, sus Islas y sus costas;  sino del cual depende nuestro bienestar, nuestra seguridad alimentaria, y mucha de nuestra cultura.

Debemos hoy reconocer a esos hombres y mujeres pescadores y pescadoras, molusqueros y molusqueras, cuyo conocimiento y bienestar, opuesto a lo que nos pasa a nosotros en el Valle Central, depende directamente del océano y sus ecosistemas, y quienes han estado siempre claros de su importancia y de la necesidad de cuidarlo y protegerlo para su aprovechamiento sostenible y conservación.

De pronto, desde el Valle Central nos damos cuenta que estamos del lado equivocado de la historia, que debemos de accionar todo lo que esté a nuestro alcance para proteger el mar y su belleza. Iniciamos campañas por la limpieza, por la conservación y manejo de sus especies preciadas como las tortugas marinas, el tiburón, los humedales y llevamos la intención a las escuelas y colegios de unirnos al mundo en su interés por aumentar en un 10% o más nuestro territorio marino, bajo un estado de preservación donde ya ni siquiera caben esas gentes del mar que todavía no reconocemos, o de pronto reconocemos erradamente como enemigos de su propio bienestar.

Una vez más en este afán positivo de conservación marina, olvidamos que esas comunidades cercanas al mar han sido marginadas y olvidadas en cada rincón, que tienen muchas menos oportunidades y que en muchos casos, han sido privadas de derechos fundamentales como es el caso de las familias pescadoras de Dominicalito o Isla Caballo, quienes aún hoy no cuentan con agua potable. Que sin ellos, sin su bienestar social, cultural y económico no alcanzaremos nunca el bienestar ambiental que anhelamos cerca de los océanos.

En los últimos años hemos visto a las gentes del mar levantarse en las reuniones de conservación y desarrollo con más fuerza, prepararse para los nuevos retos fortaleciendo sus capacidades y su organización y participando activamente en defensa de sus derechos. Definiendo estrategias para reconocer el trabajo de la mujer en las pesquerías y en la cadena de valor del pescado y oponiéndose a morir de la historia de un país que no solo le ha dado la espalda al mar sino a las gentes del mar.

Las áreas marinas de pesca responsable, otras áreas marinas de manejo comunitario como Chomes, y el Parque Nacional Cahuita en el sector de Playa Blanca, son un vivo ejemplo de cómo hoy, Costa Rica cuenta con una forma de gobernanza compartida donde estas comunidades junto con INCOPESCA-MAG o SINAC-MINAE toman decisiones conjuntas sobre nuestro mar y su manejo. Son buenas prácticas que debemos de festejar y replicar en Costa Rica como formas válidas para mejorar las condiciones de esos miles de costarricenses conocedores de nuestro territorio azul y de su importancia en el mantenimiento de la diversidad biológica pero también cultural de nuestro país.

Estas iniciativas deben de ser festejadas en el Día de los Océanos, porque ahí, la  vida de las gentes del mar es reconocida y valorada con orgullo por los costarricenses y el desarrollo tan anhelado por esas familias, llevado a sus territorios con respeto profundo a su identidad, a su actividad productiva y a la conservación.

Poco haríamos los costarricenses de festejar un día a favor de la biodiversidad marina sin recordar a quienes la han mantenido vital todos los estos años.  Festejar un día de los océanos, cuando en la realidad la vida en el mar se vive, se festeja y se sufre todos los días del año.

¡Que no se les acalle la voz ni la esperanza! ¡Feliz día a los hombres, mujeres y jóvenes del mar!

Vivienne Solís

Bióloga graduada de la Universidad de Costa Rica, con una maestría en Ecología de la Universidad de Lawrence, Kansas, EEUU.  

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